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Concejos Nutricionales

nutricion Si se exceptúa la leche materna, para los primeros cua­tro a seis meses de la vida, ninguno de los alimentos que consumimos contiene la proporción adecuada de todas las sustancias nutritivas (o nutrientes) que son indispensables para nuestra nutrición.

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No hay, pues, razón alguna para creer que dichos alimentos hayan sido creados con la fina­lidad primaria de servir de alimento a nuestra especie.

De­bido a ello necesitamos incluir en la dieta diaria alimentos de distintas características, como repetiré varias veces.

Pero además, y esto es menos sabido, los alimentos que consumimos contienen numerosas sustancias perfectamente identificadas químicamente, que no son indispensables para nuestra nutrición. Una patata, por ejemplo, contiene unas 150 sustancias químicas diferentes. Menos de una tercera parte de ellas desempeñan un papel conocido en la nutri­ción humana.

Algunas de estas sustancias, que yo suelo denominar componentes no nutritivos de los alimentos, contribuyen al aroma, sabor, color, etc., del alimento; pero, como he dicho, no desempeñan papel conocido en los procesos nutritivos y nunca ha podido demostrarse que sean indispensables para nuestra nutrición.

Algunas de estas sustancias son potencialmente tóxicas, pero afortunadamente se encuentran en muy pequeña cantidad y nuestro organismo posee mecanismos que le permi­ten, en condiciones normales, neutralizar su toxicidad. Es sorprendente que la preocupación de la sociedad actual por los aditivos alimenticios no se acompañe de una preocu­pación semejante por estas sustancias que podríamos con­siderar como aditivos naturales.

Quizá los partidarios de la alimentación natural creen que por tratarse de aditivos na­turales no pueden ser perjudiciales.
Las especies vegetales y animales de las que obtenemos nuestros alimentos estaban en el mundo mucho antes de la llegada a él de nuestra especie. Cuesta trabajo creer que hayan sido creados por una naturaleza previsora, en espera de la llegada de una especie que habría de tardar aún millones de años en aparecer sobre la Tierra.

El bioquímico norteamericano F.M. Strong ha escrito: “Es una perogrollada decir que la naturaleza no ha diseñado los tejidos animales y vegetales con la finalidad primaria de servir de alimentos ideales para el hombre.”

Por el contrario, ha sido el hombre quien, forzado por el hambre, se decidió a utilizarlos como alimentos.

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